¡Tips para ser una pareja saludable!

¡Me quiero, te quiero, nos queremos!!

Desde muy pequeños casi todos aprendemos que lo “normal” es que encontremos a otra persona con la cual compartiremos nuestra vida , que tenemos que tener una familia y crear con nuestra pareja  un proyecto de vida común.

De tal modo que, es un hecho que muchos vamos por la vida,  buscando  a esa  “media naranja ” ,a esa  ” pareja ideal”,” a ese príncipe o princesa “azul” de los cuentos de hadas con quien “vivir siempre felices”.

Afortunadamente la realidad es bastante lejana a los cuentos de hadas,  no es posible que con tanta información a nuestro alcance, continuemos  con esos “obsoletos” paradigmas sociales, ya es tiempo de  que “dejemos las fantasias” con el amor , con nuestra pareja, y con uno mismo.

Al ser honestos y conscientes de nuestras necesidades y expectativas afectivas, nos permitirá establecer relaciones de pareja,  armoniosas y saludables.

Es poco común encontrar  muchas parejas establecidas, que con o sin el acta de matrimonio, no  tengan  problemas e insatisfacciones en ciertas etapas de la convivencia,  principalmente derivados de conflictos en la dinámica de la relación de pareja.

Muchas mujeres se sienten atrapadas en una relación que no les hace feliz y viven en la eterna queja y soñando con lo que no tienen;  muchos hombres viven con la  amargura el peso de una relación que ha perdido la magia, la pasión  y el entusiasmo del principio.

Ese es uno de los principales problemas del ser humano, vivir y proyectarse en otros tiempos, ya sea en el pasado o en el futuro,  hay muy poca consciencia que la relación de pareja se vive activamente en el PRESENTE!

Si te interesa reconstruir y alimentar tu relación, te recomiendo revises y apliques según tu caso, las  siguientes reglas de una buena relación de pareja:

1.- Atracción física. Cuando iniciamos una relación, generalmente el primer elemento que nos atrae hacia la otra persona es su aspecto exterior. Curiosamente está entre las cosas que más tienden a descuidarse una vez que se establece la pareja. No es raro ver que “una vez atrapada la presa” dejamos de cuidarnos físicamente, engordamos, dejamos de rasurarnos o peinarnos, descuidamos nuestro vestido y apariencia, aparecen los tubos en el pelo o por la noche las cremas en la cara… Dejamos de tener el esmero que mostrábamos durante la fase del cortejo o del noviazgo. No importa cuánto tiempo tenga la pareja de establecida: es importante tratar de seguir siendo atractivos físicamente para la o el compañero.

2.- Atracción intelectual. Este punto se refiere a la necesidad, muchas veces olvidada, de que a lo largo del tiempo se busque seguir teniendo intereses comunes. Muchas veces la casa, los hijos o la familia se convierten en lo único de lo que pueden hablar; se pierde todo aquello que durante la fase del noviazgo era pertinente sólo a los dos y consecuentemente ello lleva al tedio y a la falta de interés. Es necesario seguir compartiendo cosas exclusivas de los dos. Cuando novios era muy importante “poder estar solos”, pasear tomados de la mano por un parque o sentarse en una banca o en un café por horas y horas hablando de los dos y de “esas cosas” exclusivamente nuestras.

3.- Atracción afectiva. Para que una pareja subsista armoniosamente se requiere que exista un sentimiento hacia el otro. Puede dársele el nombre que se quiera, pero lo más común es hablar de amor. Es cierto que los filósofos y los escritores discuten mucho sobre el significado verdadero de este término tan utilizado por tantos y pocas veces concretado en cuanto a lo que quiere decir. Sin embargo, tratando de hacer las cosas sencillas podemos decir que en el seno de una pareja debe existir un sentimiento hacia el otro que se concrete en la frase: “tú a mí me importas”. Ello implica que si me importas deseo tu bienestar, tu crecimiento, tu desarrollo, tu independencia y tu felicidad. Este es el verdadero amor en el seno de la pareja, y no el sentimiento posesivo y controlador que suele ser la regla.

4.- Comunicación. Se refiere a que tratemos constantemente de que nuestros sentimientos y palabras sean entendidos por el otro, pero esto al mismo tiempo que hacemos un esfuerzo por entender los sentimientos y lo que el otro dice. Existen parejas que hablan mucho pero que realmente no se comunican, lo que suele ser muy dañino para la relación.

5.- Empatía. Está estrechamente vinculada con lo anterior. Se refiere fundamentalmente a la capacidad para “ponernos en los zapatos del otro”. Lo más común es que siempre veamos sólo nuestro punto de vista, sin embargo en la pareja es indispensable rebasar esta visión estrecha y tratar de entender el sentir y el motivo de las acciones del otro desde su propia vivencia y perspectiva. Un 90% de las discusiones y pleitos de una pareja pueden salvarse y convertirse en discusiones productivas. Entiéndase: empatizar no significa justificar, estar de acuerdo o ceder, simplemente se refiere a entender mejor al otro.

6.- Respeto. Desgraciadamente existe la idea generalizada de que cuando se forma una pareja, ambos deben perder su individualidad y fusionarse “para ser uno solo”, como se maneja popularmente. Nada más equivocado y dañino. Al unirse dos personas en una pareja siguen siendo personas e individuos, cada uno con sus propios intereses, necesidades, gustos y metas. Algo que generalmente le ocurre a las mujeres es que, al constituir una pareja, abandonan sus proyectos e intereses personales para subordinarse exclusivamente al otro. Es cierto que se han unido para un proyecto común, pero como individuos autónomos que queriéndose han decidido ir por la vida juntos (no arrastrados ni empujados o poseídos) para apoyarse y ayudarse

Según (Kertész, Especialista de Parejas) existen 8 vínculos básicos de la pareja integrada:

1– Comunicación racional y solución conjunta de problemas

2- Colaboración para tareas en equipo

3- Dar y recibir afecto

4- Relaciones sexuales mutuamente satisfactorias

5- Divertirse juntos

6- Dar protección afectiva y material al otro

7- Recibir protección afectiva y material del otro

8- Compartir valores y normas respetando las ajenas.

Amar saludablemente y construir una familia armoniosa es un proceso de tiempo, que requiere compromiso, voluntad, flexibilidad, paciencia, capacidad de negociar y de acordar, respeto, tolerancia y amor… mucho amor!!

No dejemos de hacernos responsables de  que antes que pedir hay que dar… y que nadie da lo que no tiene...

¡¡Así que primero me quiero, después te quiero, para llegar al querernos!!

Amor, Paz y Sabiduría para ti!

Psic. Socorro Ceja



El abuso de poder como generador de violencia familiar

Hay familias en las que el uso y abuso del poder autoritario y de la fuerza son recursos de los que se echa mano para cualquier situación, convirtiendo la violencia en un hecho cotidiano. Así, los niños mediante regaños, pellizcos, jalones de orejas, gritos o insultos aprenden a someterse ante quienes son más fuertes que ellos y a someter a quienes son más débiles.

A los hombres, comúnmente la sociedad les otorga poder sobre las mujeres y los menores y les enseña a ser violentos. Cuando provienen de familias en las que hay padres golpeadores, es común que imiten el modelo y tiendan a repetir el abuso aprendido. Y como contrapartida las hijas mujeres imitan el modelo materno y aceptan, como algo natural el ser golpeadas o humilladas.

No sólo los hombres son golpeadores. El maltrato a los menores puede venir por parte de ambos padres y tienden a justificar la violencia como resultado de la provocación o la desobediencia de la persona maltratada. Por ejemplo, una de las causas del maltrato a los hijos es la frustración de los padres y de las madres ante el comportamiento considerado “inadecuado”. Cuando los adultos tienen una idea fija de lo que quieren de sus hijos y éstos no cumplen sus deseos, suelen recurrir a la violencia.

La violencia no es aceptable

Lo ideal para los seres humanos es tener relaciones cordiales. Sin embargo nunca faltan situaciones de conflicto y ante ellas, solemos perder el control y ponernos violentos. En estos casos el problema mayor no es el conflicto en si mismo sino la forma violenta de resolverlo.

La violencia más frecuente es la de los hombres hacia las mujeres  y de los adultos a los menores. Muchas mujeres no sólo sufren tratos violentos del esposo, sino que también son maltratadas por las suegras, las cuñadas, los padres y por sus hijos e hijas.

Hay hombres que también padecen la violencia, ya sea porque son golpeados, insultados, humillados o violados por otros hombres . Los hombres generalmente padecen violencia fuera del hogar, aunque con menor frecuencia también, hay mujeres que ejercen violencia contra los hombres, y es común encontrar en el trato entre los niños expresiones de agresión que pueden llegar hasta la crueldad sin que se den cuenta de ello.

La Norma Oficial Mexicana reconoce como violencia familiar cualquier acto de abandono, maltrato físico, psicológico o sexual.

Abandono

Incumplimiento de obligaciones hacia uno o varios miembros de la familia por parte de quien está comprometido a proveer cuidados y protección. Puede relacionarse con: higiene, nutrición, cuidados rutinarios, atención emocional y necesidades médicas no resueltas o atendidas tardíamente, así como abandono en lugares peligrosos, situaciones, todas, que ponen en riesgo la salud.

Violencia física

Es el daño corporal que le hacemos a alguien más débil que nosotros.  Puede ser de hombre a mujer, de hombre a hombre, de mujer a hombre o de cualquiera de los dos a un menor, a un anciano o anciana, a personas con discapacidad, entre niños/as o entre ambos. Se caracteriza por lastimar a cualquier parte del cuerpo de una persona con las manos, los pies o con objetos. Algunas madres golpean a sus hijos apoyadas en la autoridad paterna. Suelen acusarlos con el padre diciendo: ”tu hijo no me obedece” o “ya es tiempo de que le des un castigo ejemplar”. Asimismo, en muchas ocasiones los padres golpeadores maltratan a sus hijas o hijos con el respaldo de las madres, o sin él.  Estos padres constantemente les dan golpes, manazos, bofetadas, coscorrones o pellizcos a sus hijos/as. Los menores se asustan, guardan resentimiento hacia sus padres, se vuelven inseguros y pueden aprender a ser violentos.

Hay que aprender a controlar los impulsos. Deténganse y piensen en el daño que pueden ocasionar con una reacción violenta, con palabras ofensivas o con golpes.

Violencia psicológica o emocional

La violencia emocional no se percibe tan fácilmente como la física, pero en muchas ocasiones lastima mucho más. La intención es humillar, avergonzar, hacer sentir insegura y mal a una persona, deteriorando su imagen y su propio valor, con lo que daña su estado de ánimo, disminuye su capacidad de tomar decisiones y su autoestima, dificultando su desempeño diario.

La violencia verbal tiene lugar cuando mediante el uso de la palabra se hace sentir a una persona que no hace nada bien, se le ridiculiza, insulta, humilla y amenaza en la intimidad o ante familiares, amigos o desconocidos. En tanto la violencia no verbal se manifiesta en actitudes corporales de agresión como miradas de desprecio o de amenaza, muestras de rechazo, indiferencia, silencios y gestos insultantes para descalificar a una persona.

Violencia sexual

La violencia sexual ocurre cuando se obliga a una persona a tener cualquier tipo de contacto sexual contra su voluntad, cuando se le hace participar en actividades sexuales con la que no está de  acuerdo y no se toman en cuenta sus deseos, opiniones ni sentimientos. Se daña física y moralmente a la persona y se puede presentar como acoso, abuso, violación o incesto.

El abuso sexual consiste en tocar y acariciar el cuerpo de otra persona contra su voluntad, así como en la exhibición de los genitales y en la exigencia a la víctima de que satisfaga sexualmente al abusador. Se puede dar de manera repetitiva y durar mucho tiempo antes de que el abusador, quien se vale de su poder y autoridad para llevarlo a cabo, sea descubierto. Dada la posición de autoridad de los adultos, el abuso sexual hacia los menores es mucho más frecuente de lo que se piensa. Este tipo de violencia es inadmisible y se puede dar en todos lados incluso en la casa, en la escuela, en el trabajo o en la calle. Los agresores sexuales pueden ser amigos, vecinos, maestros y con mucha frecuencia los agresores son familiares, el padrastro, el abuelo, tíos  o  incluso el padre.

La violación es un acto de extrema violencia física y emocional. Consiste en la penetración con el pene, los dedos o cualquier objeto en la vagina, el ano o la boca en contra la voluntad de la víctima quien es amenazada para mantener el secreto.

Por lo regular, las personas que sufren violencia sexual no cuentan a nadie lo que les sucede. Esto se debe a que se sienten amenazadas o erróneamente culpables de lo que les pasa. Cuando la violación es cometida por un familiar cercano, la víctima se encierra todavía más en sí misma, debido a que su lealtad a la unión familiar le impide decirlo, pues teme que, al entrarse, la familia se separe.  En menores, ancianos y personas con discapacidad es más grave, ya que cuando se atreven a denunciar el acto se les acusa de mentirosos y de querer perjudicar al agresor. En general las víctimas son amenazadas mediante expresiones como “si lo cuentas te mato”, “van a creer que estás loca/o”, ”tu mamá se va a morir” “nadie te va a creer”, etc.

El incesto es el contacto sexual entre familiares con algún tipo de parentesco, ya sea civil o consanguíneo. Esta relación puede ocurrir con o sin el consentimiento de una de las personas; los actos sexuales frecuentemente se presentan con acoso, violencia física e incluso con violación.

Es conveniente hablar con los/las hijos/as para evitar que sean presas fáciles y ante la mínima sospecha de que pueden haber sido víctimas de abuso sexual, es importante brindarles ayuda inmediata.

Es fundamental dar seguridad a los menores para que se expresen libremente y sin temor de que su agresor tome represalias. Esto se logra haciéndoles saber que cuentan con el poyo y el amor incondicional de sus padres.

Hay que creer en lo que los menores nos dicen, siempre y cuando no exista alienación parental; para lo cual se aconseja que la situación sea valorada también por un especialista.

Violencia Pasiva o Estructural

En un contexto amplio, se puede considerar a la Violencia Pasiva o Estructural como se conoce también, como aquel tipo de violencia donde sus expresiones y características son consideradas por la mayoría de las personas como “naturales” o “normales”, es decir, que son aceptadas en un contexto cultural y educativo, sin cuestionamiento de su verdadero alcance o significado. Y que no son atendidas, ni en tiempo y forma, por presentarse como conductas tradicionalmente “correctas”. Este tipo de violencia es prácticamente asintomática, lo que la coloca en el lugar más peligroso de todos los tipos de violencia hasta hoy reconocidos.

Ciclo de la violencia en la pareja

Con el pasar del tiempo la violencia se convierte en un estilo de vida, las personas se acostumbran a ella y la viven como si fuera natural.

Etapas:

Etapa de acumulación de la tensión

Al principio la tensión impera en el ambiente. El hombre maltratador se muestra irritable, no reconoce su enfado y su pareja no logra comunicarse con él, lo que provoca en ella un sentimiento de frustración. Todo comienza con agresiones sutiles, ira contenida, indiferencia, sarcasmos, largos silencios. La mujer siente miedo y empieza a preguntarse qué es lo que hace mal y se culpa de lo que sucede. La tensión va creciendo con explosiones cada vez más agresivas.

Etapa de violencia explícita

Cuando estalla se pueden mezclar todas sus formas: agresión al cuerpo de la mujer, insultos, humillaciones y abuso sexual. Con el tiempo la duración y las consecuencias de esta etapa son mayores.

Etapa de remordimiento y reconciliación

El hombre parece darse cuenta de lo hecho y muestra arrepentimiento, promete no volver a ser violento y se muestra cariñoso, hace promesas y declara su propósito de no volver a repetir la situación

La mujer maltratada asume el sufrimiento como un desafío, como si ella pudiera cambiar la situación y cambiarlo a él.

Conforme se repite este círculo de violencia las etapas se acortan y la violencia explícita se hace cada vez más frecuente y severa. Es por esta razón que representa un riesgo incluso para su vida.

Marcar límites sin violencia

La educación de las y los menores es una responsabilidad compartida entre padres y maestros y, aunque en ocasiones sea necesario reprenderlos hay que entender que un correctivo, por severo que sea,  no puede nunca llegar al extremo del maltrato. Existe una gran diferencia ente marcar límites y maltratar; entre hacer uso y abuso de autoridad; entre ejercer la autoridad o ser autoritario.

Marcar límites es responsabilizarse del bienestar y del futuro de las y los menores e implica paciencia, amor, tolerancia, equidad y respeto.

Las y los menores observan el comportamiento de los adultos y lo que escuchan y ven es un modelo a imitar. Viven, aprenden y con frecuencia repiten tanto los actos amorosos como los violentos. Analicemos qué les estamos enseñando.

Si sus hijos sufren o son testigos de actos violentos, ello afecta su comportamiento y  aprendizaje, se vuelven huraños, miedosos y desconfiados y esto les dificulta hacer amigos. Es importante que ustedes hablen con su maestro o maestra para que juntos busquen la manera de apoyarlos.

Si usted mismo ha intentado frenar sus actos de violencia y no ha podido, busque ayuda. Siempre es posible el cambio.

¿Cómo evitar la violencia en casa?

Es importante identificar las actitudes y los comportamientos de cada uno de los integrantes de la familia. Distinguir entre aquellos que propician la armonía y el común acuerdo de los que orillan a situaciones violentas.

En la medida en que los miembros de una familia se relacionen con base en el respeto, la igualdad, la confianza y el afecto, y sean capaces de valorar la maravilla que significa tener gente cercana a quien cuidar y por quien ser cuidado, con quien compartir la vida y  explorarla, a quien querer sin condiciones, el problema de la violencia será manejable y no desbordará los límites de la dignidad humana, asegurando así que el sentido de las relaciones entre las personas no se pierda.

Las relaciones familiares afectuosas, además de ser uno de los mayores  bienes a que se puede aspirar en la vida, abren a los niños y a las niñas mayores posibilidades de convertirse en personas sanas, amorosas y felices y en ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones.

El duelo de las ideas

Las etapas del duelo que describe la especialista Elizabeth Kübler-Ross, han sido también aplicadas a otras áreas del pensamiento humano. En un principio, sólo fueron tomadas en cuenta para cuestión de pérdidas humanas en personas con vínculos afectivos fuertes o en la pérdida de objetos cuyo valor genera una fuerte sensación de desamparo o que coloca al individuo fuera de su “zona de confort” de “seguridad”; Continue reading “El duelo de las ideas”